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La estructura de la piel

La piel es el mayor órgano del ser humano. Cubre una superficie de 1,5 a 2 m2 y supone aproximadamente una sexta parte del peso corporal.

La piel se compone de tres capas funcionales:

Epidermis (cutis superficial).
Dermis o corion (cutis profundo).
Subcutis (tejido subcutáneo)
En estas capas se encuentran también anexos cutáneos: uñas, pelos y glándulas. La piel realiza numerosas funciones, como la termorregulación y la acción aislante, el almacenamiento de energía, la sensibilidad y protección frente a los influjos ambientales como por ejemplo hongos, bacterias o también rediaciones (UV).

La epidermis (cutis superficial)

Como capa cutánea más exterior, la epidermis (cutis superficial) constituye la envoltura protectora natural frente al entorno. Su grosor medio es de 0,1 mm: en la cara sólo son 0,02 mm, en cambio en las plantas de los pies de 1 a 5 mm.

En la superficie cutánea acaban los conductos de salida de las glándulas sudoríparas (100-200 cm2) y las aberturas de las glándulas sebáceas (50-100 cm2). Su secreción se encarga de la humectación y engrasamiento de la piel y con ello del mantenimiento del manto hidrolipídico. La epidermis en sí no contiene vasos sanguíneos, por tanto el suministro de nutrientes se produce a través de los finos vasos sanguíneos en las papilas de la dermis (cutis profundo).

La epidermis se compone en un 90 por ciento de queratocitos, las células propias de la epidermis, que se mantienen unidos gracias a los llamados desmosomas. Se distinguen en total cinco capas:

Capa córnea (stratum corneum).
Capa lúcida (stratum lucidum).
Capa granulosa (stratum granulosum).
Capa espinosa (stratum spinosum).
Capa basal (stratum basale).

Capa basal (stratum basale)
El stratum basale (del latín stratum = cubierta, capa; basalis = base, fondo) es la capa inferior de la epidermis (cutis superficial). Las células basales se encuentran directamente sobre la membrana basal, que separa claramente la epidermis de la dermis (cutis profundo). Gracias a la división celular (proliferación) las células basales se comportan como células madres para la continua renovación de la piel. Gracias a la división celular, las células hijas son desplazadas a las capas más exteriores. Allí tienen lugar varios estadios de desarrollo. En la capa basal se encuentran también los melanocitos, las células responsables de la pigmentación.

Capa espinosa (stratum spinosum)

El stratum spinosum (del latín spino = espina, pincho), la capa espinosa, se encuentra a continuación de la capa basal. En ella empiezan a ser visibles los llamados queratinosomas, vacuolas de membrana cerrada (Odland-Bodies). Contienen las sustancias precursoras de los lípidos epidérmicos en forma de membranas lipídicas dobles discoidales agrupadas. 

 
     

 

Capa granulosa (stratum granulosum)
A continuación de la capa espinosa encontramos el stratum granulosum (del latín granula = gránulo), donde comienza la cornificación (queratinización) de los queratocitos. El nombre capa granulosa lo debe a su apariencia, la cual obedece a la presencia de los llamados gránulos de queratohialina una mezcla de corpúsculos proteicos diversos. 

Capa lúcida (stratum lucidum)
El stratum lucidum es la llamada capa lúcida, por ser muy refractante. Las células están fuertemente aplanadas y cementadas entre sí. Los límites entre las células ya no son visibles. 

Capa córnea (stratum corneum)
El stratum corneum (del latín cornea = callosidad) es la capa más superficial de la epidermis (cutis superficial). Entre las células córneas (corneocitos) se encuentran los lípidos epidérmicos. La capa córnea, en especial su tercio inferior, constituye la barrera de permeabilidad, la capa protectora natural de la piel frente a factores exógenos. 

 

Junto a la queratohialina, una precursora de la queratina, los gránulos contienen la llamada filagrina, la sustancia cementante del armazón celular.

 

 

 

 

 

 

 

Cornificación y renovación de la piel
Durante la llamada cornificación las células basales cilíndricas vivas se transforman en células córneas planas sin núcleo, variando en el proceso su forma y composición. Las células atraviesan en el camino la zona barrera, la zona fronteriza entre la capa cutánea superficial viva y la capa córnea, al tiempo que lugar de depósito de los lípidos epidérmicos.

La epidermis (cutis superficial) se renueva mediante una continua reproducción, cornificación y descamación (desprendimiento mecánico del nivel superior de células córneas) cada 28 días. 

La barrera de permeabilidad
Los lípidos epidérmicos constituyen de un 10 a un 30 por ciento del volumen total de la capa córnea (stratum corneum). Esto equivale a una proporción en sustancia intercelular sobre el volumen total de 100 a 200 veces mayor que en otros tejidos. De esta manera la capa córnea forma una efectiva barrera de permeabilidad, que realiza dos funciones esenciales:

Impide la penetración de determinadas sustancias como por ejemplo microbios, agentes químicos y alergenos.
Minimiza la pérdida transepidérmica de agua (TEWL), protegiendo con ello al organismo de la deshidratación.


Si se eliminan capas de células córneas y con ello lípidos epidérmicos, la piel será más permeable al agua (TEWL) y otras sustancias, incluidas sustancias agresivas y alergenos.

Los factores hidratantes naturales (NMF, Natural Moisturizing Factors)

La capacidad de retención de agua de la piel se encuentra determinada de forma importante por la composición de la barrera lipídica de la capa córnea. La estructura proteínica de las células córneas también es significativa para la capacidad de retención de agua de la piel, como puede ser la presencia del aminoácido arginina. Estas sustancias propias del cuerpo, que fijan el agua en la capa córnea, se denominan factores hidratantes naturales (NMF). Se originan durante el proceso de cornificación de los queratocitos (p.e. el ácido pirro-lidoncarbónico), del sudor y de la secreción de las glándulas sebáceas (entre otros, urea, sales y ácidos orgánicos).

Descamación y renovación de la piel
Hacia la superficie cutánea la capa córnea se vuelve más quebradiza, las diferentes células no encajan entre ellas (pars disjunctiva), separándose y desprendiéndose imperceptiblemente en forma de escamas de piel. Este proceso continuado se denomina descamación. Un adulto pierde diariamente alrededor de 10 gramos de escamas córneas.

La dermis (corion, cutis profundo)

La dermis (del griego derm = piel, también cutis profundo o corion) forma una abrupta frontera frente a la epidermis (cutis superficial). La transición al subcutis (tejidos bajo la grasa cutánea) es por el contrario fluida.

Stratum papilllare y stratum reticulare
El stratum reticulare (del latín stratum = cubierta, capa; reticular = en forma de red) constituye la parte inferior de la dermis. Ésta se convierte en el subcutis (tejido subcutáneo), situado más abajo. El stratum papillare (del latín papille = protuberancia) es la capa superior: constituye una frontera abrupta y ondulada hacia la epidermis (cutis superficial). Su estructura ondulada hace que la superficie de contacto con la epidermis sea mayor. De esta manera se asegura un suministro óptimo de nutrientes de los epitelios inferiores de la epidermis, las células basales, a través de los vasos sanguíneos que atraviesan los corpúsculos papilares.

El tejido conectivo de la dermis
Parte esencial de la dermis son las fibras proteicas del tejido conectivo, compuestas por fibras elásticas de forma ondulada y por fibras colágenas casi rígidas. Ambas determinan la elevada elasticidad y resistencia a la tracción del cutis profundo. 
 
   
 Las fibras colágenas jóvenes - pueden absorber gran cantidad de agua, determinando así la elevada turgencia de la piel joven. Con el aumento de la edad, la malla de fibras colágenas se tensa, reduciéndose así su capacidad de retención de agua. La piel tiende entonces a la formación de arrugas. Los glicoaminoglicanos (mucopolisacáridos) se unen a la estructura del tejido conectivo proteico en los llamados proteoglicanos. Éstos originan una masa gelatinosa con la capacidad de absorber y expulsar agua como una esponja.  
 

Tejidos conectivos, glicoaminoglicanos y capacidad de absorción de agua
Los intersticios de la red dérmica de fibras contienen una especia de relleno compuesto de largas cadenas de moléculas de azúcar (polisacáridos, del griego poly = cuantioso, mucho; sacchar = azúcar). Estos llamados glicoaminoglicanos (también mucopolisacáridos), que con ayuda de la fibroconectina, una especie de pegamento, unen la estructura proteica de tejido conectivo dando lugar a los proteoglicanos, tienen la capacidad de absorber agua. Esta masa gelatinosa funciona como una esponja. Al ser presionada, el agua retenida puede ser tanto absorbida como expulsada. Este proceso contribuye probablemente al suministro de nutrientes de la dermis.

Los ácidos hialurónicos (del griego hyalo = cristal) pertenecen al grupo de los glicoaminoglicanos y con ello a la función retentora de agua en el tejido conectivo. Los glicoaminoglicanos están sujetos a una continua construcción y destrucción. Por el contrario, el armazón de colágeno sólo se renueva en caso de necesidad, como pueden ser lesiones de la piel.

Otros componentes de la dermis son diversos tipos de células como los fibroblastos, mastocitos y otras células de tejido, aparte de numerosos vasos sanguíneos y linfáticos, terminaciones nerviosas, y receptores del frío y el calor, al igual que los órganos del sentido del tacto.

Los anexos cutáneos

Entre los anexos cutáneos se encuentran las uñas, los pelos y las glándulas (glandulae cutis). Se originan en invaginaciones de la epidermis (cutis superficial) en la dermis (cutis profundo).

Uñas
Las uñas son placas córneas que están firmemente ancladas en el lecho ungueal. Tienen un grosor de unos 0,5 mm y se componen de un borde anterior libre, el cuerpo de la uña y la raíz, insertada esta última en una invaginación de la piel.

Pelos
En el pelo se distingue entre el tallo, que sobresale de la piel, y la raíz. Esta última está engrosada en su polo inferior (bulbo piloso), el cual asienta a su vez sobre la llamada papila pilosa de la dermis, responsable de la formación y crecimiento del pelo. La raíz del pelo está situada en la vaina de la raíz, la cual está revestida, hacia afuera, por el folículo piloso, el cual está comunicado a la glándula sebácea.

Glandulae cutis
Entre las glándulas de la piel (glandulae cutis) se encuentran las glándulas sudoríparas, odoríferas, sebáceas y mamarias. Las glándulas sebáceas se encuentran casi siempre unidas a los folículos pilosos, gracias a cuyo orificio en forma de embudo su secreción rica en lípidos puede alcanzar la superficie cutánea. El tamaño de las glándulas sebácea y con ello su secreción varía en función de la zona corporal. Así, en la cara encontramos glandulas sebáceas mayores a las de brazos y piernas. Un importante factor que influye en la actividad de las glándulas sebáceas son los andrógenos.

Las glándulas sebáceas y sudoríparas se encuentran entre las llamadas glándulas exocrinas (del griego exo = fuera, afuera), lo que significa que estas glándulas vierten sus secreciones directamente en una superficie, como por ejemplo la piel. Esto ocurre en el caso de las glándulas sebáceas por disociación de células con alto contenido lipídico. Gracias a la división de las células basales se produce de forma continuada el reabastecimiento (glándulas holocrinas). En las glándulas apocrinas, como las mamarias o sudoríparas de la axila, sólo las partes externas del cuerpo de la célula son repelidas con la secreción. Las células de las glándulas ecrinas, como las glándulas sudoríparas pequeñas, no muestran ninguna pérdida de citoplasma tras la secreción.

Junto con las glándulas sudoríparas, las glándulas sebáceas suministran sustancias esenciales, además de los lípidos epidérmicos, para la formación de la película hidrolipídica.

El subcutis (tejido subcutáneo)

Se conoce como subcutis (del latín sub = debajo; cutis = piel) el tejido adiposo subcutáneo. Se compone de un sistema de cámaras de tejido conectivo rellenas de células adiposas (adipocitos) que almacenan energía.

Agrupaciones de células adiposas
Las células adiposas se encuentran unidas en grandes grupos con forma de almohadillas, sujetos por fibras colágenas llamadas cámaras o vainas de tejido conectivo.

Aprovisionamiento de nutrientes, aislamiento y amortiguación
El subcutis se encuentra atravesado por numerosos vasos sanguíneos, lo que garantiza un rápido transporte de los nutrientes almacenados según las necesidades.
Entre las funciones del tejido adiposo subcutáneo se encuentran, además del almacenamiento de nutrientes en forma de grasas liquidas, el aislamiento del cuerpo frente al frío y la amortiguación de los golpes. En las palmas de las manos, nalgas y plantas de los pies, el acolchamiento adiposo prácticamente sólo sirve como protección frente a los impactos.

La distribución de grasas en hombres y mujeres
El contenido graso del subcutis no es idéntico en todas las zonas del cuerpo. También entre hombres y mujeres el tejido adiposo subcutáneo se encuentra repartido desigualmente. Por eso la celulitis, a modo de ejemplo, aparece sobre todo en las mujeres, determinada por la especial disposición de las vainas del tejido adiposo subcutáneo y del almacenamiento preferencial de grasas en caderas, muslos y nalgas. Por el contrario, los hombres tienden a almacenar grasas en la zona del tronco.

 



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